El pensamiento militar martiano en la República

Publicado en por José Martí


No por gusto, Fidel y la generación del Centenario declararon a Martí el
autor intelectual del asalto al cuartel Moncada: los cubanos desde niños
hemos aprendido en La Edad de Oro que «un hombre que se conforma
con obedecer leyes injustas, y permite que le pisen el país en que nació
los hombres que se lo maltratan, no es un hombre honrado». 13
Según el fallecido investigador Fernando Rodríguez Portela, son cuatro
las ideas esenciales de Martí en relación con el tema militar en la
república:
        - la necesidad de la defensa de la patria,
        - el carácter popular de la defensa de la patria,
        - la preparación militar de todo el pueblo para la defensa de la
        patria y
         - la necesidad de la educación patriótica del pueblo en interés de
         la defensa de la patria. 14
Todo ello explicita la extraordinaria vigencia del pensamiento militar
martiano en la obra de la Revolución cubana.
Martí consideraba que un pueblo debe vivir alerta, tanto para rechazar
una posible agresión enemiga como para repeler cualquier gobierno
tiránico, y además, que no bastaba con prever el peligro, sino que era
necesario prever también las posibles vías para enfrentarlo. Los muchos
años vividos en Estados Unidos le habían permitido conocer la esencia
imperialista de este país poderoso («Viví en el monstruo y le conozco las
entrañas [...]».), 15 así como los peligros que implicaba aquel para los
pueblos de América («[...] impedir a tiempo con la independencia de
Cuba que se entiendan por las Antillas los Estados Unidos, y caigan, con
esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América [...]»). 16 Ello lo había
llevado a la conclusión de que nuestro continente debía unirse y
prepararse para la defensa contra el vecino del Norte: «[...] ¡los árboles
se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas!
Es la hora del recuento y de la marcha unida, y hemos de andar en
cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes». 17
Era intransigente con todo aquel que intentaba mantenerse nadando a
dos aguas o se permitía coquetear con el enemigo. Por eso, puede
leerse también en sus Cuadernos de apuntes la crítica al prefecto de la
ciudad de Chalons, en Francia, quien durante la Guerra franco-prusiana
«[...] rogaba a los habitantes de la ciudad que dejaran pasar a los
enemigos sin provocar actos hostiles [...]» 18 y en La Edad de Oro, en su
versión del cuento «Los dos ruiseñores», expresó: «[...] Cuando no hay
libertad en la tierra, ¡todo el mundo debe salir a buscarla a caballo!
[...]». 19
Su permanencia en Estados Unidos y los estudios realizados acerca de la
guerra de las trece colonias y la guerra de Secesión le permitieron
apreciar y valorar lo positivo y lo negativo de las milicias en este país.
Por eso, apuntó: [...] «el único modo de vencer el imperialismo en los
pueblos mayores, y el militarismo en los menores, es ser todos
soldados». 20
Martí vivía convencido —como ya se ha dicho— de que los milicianos
debían ser soldados para defenderse de la agresión extrajera y para
luchar contra cualquier tiranía, e incluso consideraba que el pueblo debía
contribuir económicamente con esta tarea, como lo hacían los
tabaqueros con el Partido Revolucionario Cubano donando un día de
haber, tal y como hacemos los cubanos de hoy con las Milicias de Tropas
Territoriales (MTT).
También en La Edad de Oro expresó: «[...] los españoles todos pelearon
contra Napoleón: pelearon los viejos, las mujeres, los niños [...]», 21
franco antecedente de lo que hoy llamamos «la guerra de todo el
pueblo».
Con respecto a la preparación militar, consideraba que «[...] La hora de
la acción no es la hora de aprender. Es preciso haber aprendido antes
[...]», 22 y en La Edad de Oro advertía: «[...] es bueno aprender a
defenderse, porque siempre hay gente bestial en el mundo [...]». 23
En lo que se refiere a la educación patriótica del pueblo, Martí la
sustentaba con el criterio de que «lo pasado es raíz de lo presente
[...]», 24 y mucho escribió para ensalzar la obra de los fundadores, a
quienes admiraba profundamente, porque «[...] ¡La tierra se alza en
montañas, y en estos hombres los pueblos! [...]»

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