El pensamiento militar martiano en la manigua redentora

Publicado en por José Martí


Durante los cuarenta y dos días que nuestro Martí permaneció en la
manigua luego del azaroso desembarco por Playita de Cajobabo junto a
Máximo Gómez, emprendió un arduo trabajo encaminado a resolver los
numerosos problemas que planteaba la insurrección armada. La
estrategia militar desarrollada por nuestro Héroe Nacional se concreta
en las circulares que escribió durante ese breve período de tiempo.
Algunas de las ideas que en ellas desplegaba habían sido desarrolladas
antes en el Manifiesto de Montecristi.
El pensamiento militar martiano se basaba en los siguientes postulados:
      •  No realizar ningún acuerdo con España que no tuviera por base
         la soberanía de Cuba. (Martí tenía muy en cuenta los errores
         que durante la Guerra Grande habían conducido al Zanjón.)
      •  Materializar la ayuda exterior, especialmente en armas y
         municiones, no en hombres, teniendo en cuenta que el
         armamento      de    que     disponían   los   mambises     era
         fundamentalmente de procedencia norteamericana, por lo que
         el parque proveniente de los Mauser españoles no sería útil.
         Para ello, recomendaba a los dirigentes de la emigración contar
         «con barcos propios y tripulaciones patriotas» que asumieran
         esa tarea.
       •  Proyectar internacionalmente la guerra, para que los gobiernos
          extranjeros conocieran sus objetivos y así, ganar simpatías y
          poner freno a las intenciones norteamericanas.
       •  Utilizar la prensa —en particular el periódico Patria— como
          vocero de la Revolución, y como tal su tarea primordial sería
          dar a conocer los sucesos de la guerra; pero, además, divulgar
          de diferentes formas la capacidad de los cubanos para
          autogobernarse, evitar el «temor al negro» y expresar respeto
          a los españoles que vivían en la Isla.
El 26 de abril redactó dos circulares, firmadas conjuntamente con
Máximo Gómez. En la circular del Cuartel General del Ejército Libertador
dirigida a personas representativas de las comarcas:
       •  Se solicitaba a estas personas, cubanas o españolas, su
          contribución para que la guerra fuera breve y sin inútil
          devastación.
       •  Se advertía acerca de la resolución de los cubanos de alcanzar
          su libertad, a la vez que se precisaba su completa ausencia de
          odio.
En la circular a los hacendados, Martí reiteraba estas ideas y definía que
se respetaría a quien respetara la Revolución, pero que el apoyo al
enemigo sería castigado con la destrucción. También hacía una
exhortación a los hacendados para que contribuyeran al mantenimiento
del Ejército Libertador.
En ambas circulares se aprecian estas ideas, así como el dejar en manos
de hacendados y personas representativas de los poblados la
responsabilidad por la violencia que sus propias actitudes pudieran
provocar.
El 28 de abril de 1895, en el Cuartel General del Ejército Libertador, se
emitió una circular titulada Política de la guerra, en la cual se retomaban
las ideas anteriores y también se formulaban otras nuevas:
       Se precisa la necesidad de dar un trato benigno a quien se
       mantenga neutral y se asegura que, obtenida la independencia,
       los españoles que así lo deseen podrán continuar viviendo en
       Cuba, pues no se les consideraba enemigos y, por el contrario, se
       sabía que muchos humildes españoles —en especial, los quintos
       traídos como carne de cañón y contra su voluntad— sufrían la
      opresión del gobierno colonial, razón por la cual muchos de ellos
      se sumaron a las filas insurrectas.
Se define la política a seguir con los prisioneros de guerra, marcada por
un profundo humanismo que se concretaba en el respeto a sus personas
y sus propiedades.
Se llama a fortalecer la disciplina en las filas mambisas, y a desarrollar
en los soldados del Ejército Libertador el amor a la patria y la convicción
acerca de la necesidad de arrancar por la fuerza de manos de España —
pues no había otro camino— la independencia.
En la circular a los jefes y oficiales del Ejército Libertador fechada el 14
de mayo de 1895 en el Cuartel General, precisó en las siguientes ideas
la necesidad de:
        * Llevar a cabo una guerra que estuviera dirigida por un mando
        único; concebir la contienda como una guerra de desgaste contra
        el ejército colonial español, lo que evidencia una adecuación de
        su modo de pensar a las condiciones existentes.
        * Impedir todo trabajo que pudiera contribuir al sostenimiento
        del ejército español y todo comercio con los poblados que
        pudiera ser aprovechado por el enemigo
        * Mantener las ciudades privadas de todo recurso y en alarma
        continua, pues constituían la retaguardia del enemigo, el lugar
        donde este se fortalecía y preparaba para golpear; de esta
        forma, obligaba al ejército español a salir de ellas y enfrentar a
        los mambises y, a la vez, obligaba a los pobladores a definirse:
        con la Revolución o contra ella.
        * Impedir el transporte ferroviario y el uso del telégrafo, que
        «[...] iguala todas las ventajas que da al cubano el hacer la
        guerra en su propio país [...]»; 6
        * Ofrecer un buen trato a los habitantes del país, cualquiera que
        fuera su nacionalidad; al respecto, expresó: «[...] El peor
        enemigo de Cuba es el que por su abuso o su maltrato le quita a
        Cuba servidores y se los da a España [...]»; 7
        * Considerar el adiestramiento militar de los miembros del
        Ejército Libertador como una necesidad previa a la realización de
        acciones de guerra; en este sentido, precisó: «[...] La hora de la
        acción no es la hora de aprender. Es preciso haber aprendido
        antes [...]»; 8 A la vez, Martí abogaba por formar un ejército, no
        solo bien preparado en el arte de la guerra, sino además
        disciplinado: «Disciplina quiere decir orden, y orden quiere decir
        triunfo»; 9 es significativo cómo este aspecto del pensamiento
        militar martiano es norma de nuestra estrategia militar defensiva
        actual.
        * Considerar «[...] todos los derechos que la civilización permite
        a la guerra [...]». 10
Martí estuvo también preocupado y ocupado en dotar al Ejército
Libertador de una adecuada estructura de mando que pasara por encima
de la antigüedad y la veteranía. Así, se determinó que el brigadier Ángel
Guerra asumiera el mando de Holguín, aunque había sido Miró Argenter
el primero en levantarse en armas y quien había sostenido viva la llama
de la insurrección durante los primeros días. Fue Martí quien redactó la
orden del general en jefe a Miró, informándole la decisión del mando y
solicitando su apoyo para Guerra.
Otra circular —según anotó en su diario el 12 de mayo— así como la
carta dirigida a Jesús Rabí, en cuyo territorio y en su ausencia se
comerciaba      abiertamente     con   los   poblados,   se    pronunciaba
enérgicamente en contra de dichas actividades, pues constituye un
derecho de todo grupo beligerante privar de recursos al enemigo, y
definía de manera explícita que ofrecer recursos a los españoles para su
subsistencia era traición a la patria.
En la medida en que Martí consideraba la guerra como un procedimiento
político —y no como un fin en sí misma— para alcanzar la república
«con todos y para el bien de todos», consideraba también que «[...]
hemos de pelear, si de pelear se ha, de manera que al desceñirnos las
armas, surja un pueblo [...]». 11
Al respecto ya había señalado en el Manifiesto de Montecristi:
       En la guerra inicial ha de hallar el país maneras tales de gobierno
       que a un tiempo satisfagan la inteligencia madura y suspicaz de
       sus hijos cultos, y las condiciones requeridas para la ayuda y
       respeto de los demás pueblos, y permitan —en vez de entrabar—
       el desarrollo pleno y término rápido de la guerra fatalmente
       necesaria [...]. 12 En esas palabras se advierte cómo Martí había
       estudiado profundamente la Guerra de los Diez Años y aspiraba a
       que, sin llegar a un militarismo extremo como el que otros
       momentos lo había hecho enfrentar a Gómez y Maceo, no se
       cayera tampoco en un exceso de democracia que entorpeciera la
       dirección de la guerra, como había ocurrido en 1868-1878 con la
       Cámara de Representantes.
No obstante, y quizá por eso mismo, desde su llegada a Cuba había
desarrollado un arduo trabajo encaminado a la creación del gobierno de
la República en Armas, mediante una Asamblea de Representantes entre
los cuales se hallaba el propio Antonio Maceo. A pesar de ello, es muy
probable que sobre este punto giraran las discrepancias que entre los
tres jefes principales de la Revolución se evidenciaron en la Mejorana.
Su prematura muerte en combate tronchó lo mucho que aún le quedaba
por expresar y persuadir. Lo cierto es que en la manigua redentora muy
pronto volvió a ser Martí la locomotora que arrastra tras de sí el carro
heroico de la Revolución cubana.
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